Tomb of the Seven Thunders(Región)
Unique
Limited: Bow this card and a target honorable Personality you control: Look at the top four cards of your Fate deck. You may reveal one and add it to your hand if it is a Ring. If you do not reveal a Ring, dishonor your Personality and permanently give him Shadowlands.
Desperate Defense(Acción)
Coste: 0; Focus: 2
Battle: Bow two target defending Samurai in your army: Destroy an opposing unit with less Force than the combined total of your Samurai's Force + Personal Honor.
"We shall buy the Emperor the time he needs, with our lives if need be." -Yasuki Hachi
Strength of Darkness(Acción)
Coste: 0; Focus: 2
Battle: Target a Shadowlands Personality. He contributes Force to his army even while bowed.
"Fear. Power. Rebirth."
Call of Destiny(Acción)
Coste: 0; Focus: 3
Limited: Bow any number of Elemental Rings you control: Gain 2 Honor for each Ring bowed.
"In the days of the Toturi Dynasty, Toturi III had the courage to seek his destiny." -The Ikoma Histories
A Hero's Courage(Evento)
This card enters play in your home.
Battle: Discard this card and target an opposed Hero you control: Give the target +5F. The target may not be bowed except to pay costs.
One man can change the world, if he is bold enough.
Battle at the Tomb(Evento)
Target another player who controls more Personalities than you control Rings. If you lose no Provinces during his next turn, search your deck for a Ring and put it into play. The Ring does not count toward Enlightenment while it is in play.
The demons came for the Emperor, but an army barred their path.
Y 3 Ratling Token
2F / 2C-HR / 0G / 0PH
Ratling Creature
May not be included in decks.
4.10.06
27.9.06
Virtudes Probadas
Shiba Yoshimo permaneció tieso en el patio, con un grupo de Escorpiones a su derecha y otro grupo de Grullas a su izquierda. “He accedido a juzgar este duelo, y todo está en orden. Han sido dados los permisos y las dos partes han aceptado que esto resolverá el asunto. Ninguno deberá sobrevalorar al vencedor ni minusvalorar al perdedor. Será un duelo honorable. ¿Estamos de acuerdo de que será a primera sangre?” Yoshimi habló esperanzado.
La voz de Doji Saori sonó claramente. “A muerte.”
Los ojos de Bayushi Kaneo mostraron su sorpresa, pero no dijo nada. Simplemente asintió levemente.
Yoshimo no intento esconder su desagrado. “Que así sea.”
El Fénix se echó para atrás, dejando a Kaneo y a Saori espacio para moverse.
Una vez que no había oídos para oírle que no fuesen las de su adversario, Kaneo dijo. “¿A muerte por un punto de una negociación? Parece un poco excesivo.”
Saori no dijo nada.
“O, ¿así es como va a ser entonces? No soy ningún idiota. Se que no soy adversario para ti en duelo. ¿Un duelo letal por una disputa de negocios? Podrás ganar aquí, hija de Doji, pero habrá preguntas. La Espada Oscura pedirá respuestas.”
Kaneo fue el primero en moverse. Saori la última.
Mientras limpiaba la sangre de su katana, Saori oyó la declaración de Yoshimi, sin escuchar las palabras. En vez de eso su atención estaba fija en Doji Choshi, que se encontraba cerca del borde del patio, con una leve sonrisa en su cara.
Ninguno de los Grulla vio las chispas en el ojo del gaijin que observaba desde el umbral de la puerta.
•
“Bien hecho, hermana. Tus habilidades han servido a tu clan admirablemente bien hoy.” Doji Chosi sonreía mientras hablaba, pero la única respuesta que obtuvo de Saori fue una mirada. “¿Qué pasa? Pareces enfadada conmigo.”
“Ese hombre no tenía porque morir. Su insulto no era tan grave como para ello.”
Chosi actuó asombrada. “¿Por qué crees que el honor es algo que va por capas, Saori? Insultó tu honor y también el honor de tu clan.”
“Estaba negociando.” Saori sacudió su cabeza. “Era un acuerdo comercial. Cuando dijo que nuestra oferta era injusta, estaba simplemente buscando una apertura para hacer una contraoferta.”
Chosi bajó la voz. “Aun así tu te ofendiste.”
Saori bajó la cabeza. “Por que me convenía. Una vez que le hubiese ganado en el duelo ya no podría presentar su contraoferta; lo más probable es que nuestros términos fuesen aceptados.”
“Aun así insinúas que te pedí que hicieses algo inaceptable, cuando era tu propia idea.”
Los ojos de Saori brillaron de cólera. “Le habría vencido sin matarlo.”
Choshi pareció pensativa.”¿Tú crees? Kaneo era un Escorpión. ¿Crees realmente que no habría encontrado otra manera para retorcer el acuerdo en su beneficio? Ahora no puede y tendremos nuestro acuerdo.”
“Entonces un hombre muere por arroz, y yo soy una asesina en vez de un samurai.”
“No es la primera vez que alguien muere por arroz, Saori-san. Y no será la última. Hiciste tu deber como Grulla. No te condenes por ello.”
Saori asintió. “Deber y honor.”
•
Saori andaba por los jardines de Nikesake. Eran bonitos, pero no tanto como los que había cerca de su hogar. La belleza la ayudaba a olvidar la fealdad asociada con las cortes. Mientras miraba su reflejo en una fuente quieta se dio cuenta que, esta noche, la belleza tenia una dura batalla.
“Ah, hola Doji-sama.”
La voz la asustó y la sacó fuera de su ensueño. Reconoció el extraño acento inmediatamente, incluso antes de que el atractivo extranjero se pusiese a la vista.
“Buenas tardes, Capitán Garen. No le había visto.”
“Vengo aquí a menudo, pero no suelo mantenerme a la vista. Se que muchos vienen aquí a reflexionar y no quería molestarla.”
“No se preocupe Capitán. Es mejor dejar algunas reflexiones para otro momento.”
“En ese caso ven y únete a mi. Sería para mi un gran honor disfrutar de su compañía.” Garen se movió hacia dos bancos rodeados de arbustos floridos.
“Gracias por la invitación. Será un placer.” Saori siguió la mano de Garen y se sentó en uno de los bancos. Garen la siguió y se sentó cerca, pero sin tocar.
“Vi su duelo hoy.” Garen vio que Saori giraba levemente hacia el otro lado y continuó. “Tiene mucho talento.”
“Nunca hubo lugar a duda de que ganaría. Kaneo era muchas cosas, pero no era un buen duelista.”
Garen movió su cabeza. “Entonces ¿por qué acepto el duelo si significaba su muerte?”
“No tenía porque. El insulto se podía haber vengado a primera sangre.”
Por un momento Garen leyó la expresión de la cara de Saori y luego dijo, “El Bushido no permite eso, ¿verdad?”
La Grulla miró de vuelta a Garen por la primera vez desde que había mencionado el duelo.”El Bushido no permite muchas cosas. Pero pide otras cosas de ti. ¿Qué sabes tú del Bushido?”
“Solo lo que he aprendido. Se de las virtudes, que también están consideradas virtudes de allá donde vengo. La diferencia es que no son las únicas virtudes que me han enseñado. Pero son buenas, aunque un poco extrañas a veces.”
“¿A qué te refieres con extrañas?”
Garen se encogió.”Te dicen que vivas siguiéndolas siempre, pero a veces se contradicen entre ellas. No hay nada raro en ello. Esas son las decisiones que hacen de cada uno quien somos. Solo que los samuráis declaráis que debéis seguir el Bushido en todo momento. Simplemente no veo como eso es posible.”
Saori se estiró levemente. “Eso es por que no eres samurai.”
“Cierto. No lo soy. Pero, aún así, ¿podría explicarme Honradez y Sinceridad? ¿Cómo puedes tener una regla que te dice que siempre tienes que ser sincero, no importa lo que digas, mientras que otra te dice que siempre tienes que decir la verdad? Si siempre dices la verdad, ¿por qué tendrías que preocuparte sobre la sinceridad? La verdad es siempre sincera ¿no?”
“Es una manera simplista de ver las cosas.”
“Bueno, soy un hombre simple. Habiendo vivido tanto tiempo abordo de un barco te lleva a ver las cosas de una manera más directa.”
Las comisuras de los labios de Saori se elevaron un poco. “Vivir como un samurai no es tan simple.”
Garen rió. “En eso estamos de acuerdo. Pero está claro que es interesante aprender. Verás, una de las otras cosas que valoramos allá donde vengo es el Conocimiento, cuanta más información tienes más razonadas y razonables serán tus elecciones. El Conocimiento es la llave hacia la sabiduría, eso siempre me han dicho.”
“Exacto.” Garen prosiguió. “¿Habría actuado Kaneo de otra forma si hubiera sabido que ibas a pedir su cabeza? Ese era un conocimiento que no tenía, y que claramente necesitaba.”
Saori sonrió afectada. “Él no es el único que hubiera actuado de forma diferente si...” se detuvo. “El conocimiento no hace ningún bien si lo que sabes se enfrenta con tu deber.”
“Ah, pero sí lo hace. Hoy cumpliste con tu deber, pero ese deber le costó su cabeza sólo porque tú lo permitiste, ¿no? Si hubieras manejado el incidente con Kaneo de forma diferente, no se te habría pedido que realizaras unas acciones con las que evidentemente no estabas de acuerdo.”
Los ojos de Saori se agrandaron. “Mostráis gran presunción, Capitán.”
“¿Pero estoy equivocado?”
Saori pensó por un momento antes de decir suavemente. “No lo estáis. Sois bastante observador, Garen-san. Has sabido ver la situación y leer correctamente mis pensamientos. Veo por qué dices que el conocimiento es tan importante.”
“Avisado y preparado y eso es todo. Es más que simple conocimiento, creo. También me enseñaron que tener perspectiva es una gran virtud. El conocimiento son sólo los datos. Ser capaz de ver la verdad tras los datos es una cosa completamente diferente.”
“Ya veo. Aun así, esas virtudes no pueden sustituir al bushido. No puedo dedicarme al conocimiento y a la perspectiva en detrimento del honor y el deber. Hay ciertas cosas que un samurai no puede ignorar.”
Garen miró directamente a sus ojos. “¿Cómo compasión? ¿Cortesía?”
Ella encontró su mirada impenetrable. “Esas cosas son parte del Bushido.”
“Aun así, mostraste poca cortesía cuando no le avisaste por anticipado para que pudiera prepararse antes del duelo.”
“Me insultáis, capitán. No creo que sea vuestra intención.”
“Es la última cosa que querría hacer, créeme. No soy samurai. Solo estoy señalando que hay un conflicto entre cortesía y deber. Tenías que hacer una elección y la hiciste. No hay vergüenza en ello. Luchas por adherirte a un código lleno de contradicciones. Igual que el problema entre honestidad y sinceridad, hay conflictos inherentes al bushido que debes asumir para no volverte loco. Estoy convencido que esos conflictos son los que llevan a algunos samurai a seguir las tinieblas. Se vuelven perdidos porque no pueden encontrar respuestas en el bushido.”
“Me enseñaron que todas las preguntas tienen respuesta en el bushido.” Saori miró a Garen pero parecía un poco triste tras su declaración. “Pero has sacado a la luz algunas preguntas interesantes.”
“Me encantaría hablar más profundamente, si me lo permitís.”
Saori sonrió. “Puede que mañana me encuentre caminando por aquí por la noche a la misma hora.”
Garen sonrió feliz.
•
El rostro de Saori se iluminó cuando vio a Garen esperándola. Él sonrió y la llevó al mismo lugar de la noche anterior. “Creo que tus negociaciones han ido bien hoy.”
Ella afirmó. “El sustituto de Kaneo tiene las manos atadas. No pudo seguir diciendo que nuestra oferta no era limpia sin contradecir los resultados del duelo de ayer. Así que ha sido cortés y sincero, mientras aceptaba un acuerdo que no quería.”
“Así que tu clan consigue lo pretendido, usando el honor como una herramienta.”
Saori cabeceó. “Cuando el honor es sólo una herramienta, no sé si sigue siendo honor.”
Garen agitó su cabeza. “El asunto en realidad es, ¿fue el honor el que arregló el problema? ¿O fue la fuerza? En cualquier conflicto hay una parte débil y una parte fuerte. Tomaste el conocimiento que tenías, sabiendo que el Escorpión no podría usar el suyo para engañarte, y usaste tu posición de fuerza para forzarle a un acuerdo.”
“Yo no forcé a nadie a nada.”
“Lo arreglaste para que sólo tuviera una opción. ¿Cómo que eso no es forzarle? Ahora no pienses que estoy diciendo que hiciste algo mal. La fuerza es una ventaja. Es mejor ser la parte fuerte que la parte débil, ¿no? La fuerza es a todas luces una virtud igual que el conocimiento o la perspectiva. O honor o deber, para este asunto.”
“¿Entonces la fuerza debe triunfar siempre? ¿Qué pasa con la compasión por los débiles?”
“La fuerza puede permitir la compasión. La razón por la que no pudiste mostrar compasión por Kaneo ayer es que no eras lo suficientemente fuerte, o él no era lo suficientemente débil. Es fácil mostrar compasión hacia aquellos que no pueden herirte. ¿Mostrarías compasión por alguien que puede derrotarte? Eso sería nada más que una locura.”
“Es bushido.”
“Excepto cuando no lo es. Eso es lo que yo entiendo.” Garen miró a su alrededor, intentando buscar un buen ejemplo. “Aquí, mira esta flor. Aplícale a ella el bushido.”
Saori arrugó su frente. “¿Qué quieres decir? Sólo es una cosa.”
“Pero el Bushido se supone que es aplicable a cualquier acción. Dime que dice el bushido de esta flor.”
“No dice... nada.”
Garen agitó su cabeza. “Tiene que decir algo. ¿Qué puedes decirme sobre ella?”
“Es, uh, es roja. Tiene tres hojas saliendo debajo de sus pétalos.”
“¿Es bonita?”
“Sí.”
“Estoy de acuerdo. Me gusta mucho esta flor. ¿Es perfecta?”
“Supongo. ¿Por qué?”
Garen sonrió. “Acabas de responder a tu propia pregunta. Respondiste con sinceridad, sabías que era lo que quería oír. No respondiste honestamente, sin embargo.”
Saori frunció el ceño. “Siempre vuelves sobre la honestidad y la sinceridad. Reconozco que son difíciles de reconciliar. Pero...”
Garen la interrumpió. “No es difícil. Es imposible. Pero, este no es el punto al que quiero llegar. Quiero enseñarte que hay otras virtudes que son igualmente valiosas que las del bushido. Mira de nuevo esa flor. Como sabes, no es perfecta. Hay una imperfección en uno de sus pétalos. No es tan grande como para que deje de ser bonita, pero no es perfecta. Ahora mira a esta otra flor, acércate. ¿Cual es mejor?”
Saori examinó ambas flores. “Esta otra. Tiene las mismas características, pero sin imperfecciones.”
“Entonces, es perfecta, y por tanto es mejor.”
“Sí.”
“Entonces tu concepto de perfecto es mejor que simplemente bueno. ¿Esto no convierte a la perfección en una virtud que perseguir?”
Saori sonrió. “Estás hablando con una Grulla. Ya conocemos de sobra el valor de la perfección.”
“¿De veras? Yo pensaba que vivías por el bushido. ¿En cual de sus preceptos se anima y persigue la perfección?”
“En todos ellos.”
“¿Y la Grulla lo cumple mejor que todos los demás?”
“Eso creemos, sí.”
Garen frunció sus labios. “Entonces, ¿le dirías al León que el bushido que ellos practican es imperfecto y que no están siguiendo el camino del samurai?”
“No, nunca haría eso. Su camino es diferente al nuestro, pero no intrínsecamente equivocado.”
“Pero, si son diferentes, ¿cómo pueden ser ambos perfectos?”
Saori no respondió.
“No quiero que cuestiones la habilidad de otros para seguir el bushido, solo que la perfección es una virtud por sí misma, completamente separada de las otras, incluso aunque labre su camino a través de todas ellas. La perfección es una meta acompasada que rodea y envuelve todas las acciones.”
Saori sonrió. “Ahora suenas como un samurai.”
Garen le devolvió la sonrisa. “Gracias por el cumplido. Entonces, has terminado tus negociaciones con el Escorpión. ¿Marcharás a casa? Se que tus tierras están en guerra.”
El rostro de Saori se oscureció. “Sí. El Dragón continúa su asalto deshonroso.”
“Quizá no era en el honor en lo pensaban cuando atacaron. No puedo hablar por ellos, y no tengo ni idea de sus verdaderas motivaciones, pero se todo lo que buscan la mayoría de las guerras.”
“¿Y que es?”
“Tierra. Aquel que controla la tierra, controla el mundo. Incluso una persona nacida en el mar como yo conoce eso. Nosotros simplemente lo expresamos de forma diferente.”
Saori se encogió de hombros. “Yo no estoy tan segura.”
Garen la miró intencionadamente. “Pero lo sabes. Aunque la guerra sea en los campos o en la corte, sigue siendo una guerra. Cuando mantienes una negociación, ¿qué estás intentando hacer? Controlar el campo de batalla. Una vez que lo haces, la guerra está prácticamente ganada.”
“Por supuesto. Cualquier cortesano avezado conoce los paralelismos entre la guerra y la corte.”
“Correcto. Entonces, ¿cual es la parte más importante de una batalla?”
Los ojos de Saori pestañearon mientras trataba de ver hacia donde la estaba llevando Garen. “Antes que comience la batalla. Asegurar que la situación está orientada hacia tu objetivo.”
Garen afirmó. “Control. Es todo control. Necesitas controlar la situación. Necesitas controlar a tu oponente. Necesitas controlarte a ti misma.”
Ella devolvió el cabeceo. “Eso es cierto del todo.”
“¿Entonces no es el control una de las virtudes de las que estamos hablando? ¿No es algo que perseguir? El control y la fuerza combinados pueden fácilmente asegurarnos la victoria, ¿no?”
Saori agitó su cabeza. “Hay más que eso.”
Garen afirmó vigorosamente. “Por supuesto que lo hay. Además necesitas el conocimiento y comprensión de la situación para estar seguro que la victoria que estás logrando es la que quieres conseguir. Si sabes lo que se necesita, sabes cual va a ser el resultado, sabes como te beneficiará, tienes la fuerza para superar a tu oponente y controlas la situación puedes evitar cualquier obstáculo. Encontrarás la perfección que has alcanzado en iaijutsu, en todas las partes de la vida.”
Saori le miró y se preguntó. “¿Y eso es todo según tú? Haces que suene tan fácil.”
“Eso es, mientras estés bendecida con otras dos virtudes.”
Saori le miró ansiosa. “¿Y son?”
“La voluntad para actuar y la determinación para ver más allá.”
“Entonces, si atesoro esas otras virtudes, fuera del bushido,” Saori resumió, “las cosas ayer habrían sido muy diferentes con Kaneo.”
Garen agitó su cabeza. “No diferentes del todo, excepto que no habrías necesitado a Choshi para decirte lo que tenías que hacer.”
Saori le miró. “Entonces ¿que ha cambiado? ¿Qué tienen de especial esas virtudes si las cosas no son diferentes?”
Garen sonrió. “No dije que las cosas no cambiarían. Dije que las cosas no hubieran sido diferentes con Kaneo. Choshi estaba en lo cierto al pedirte que lo eliminaras. Tú hiciste bien al hacerlo; era el decir que el bushido lo permitía lo que era un error. Veamos la situación de nuevo. Exigiendo el duelo mostraste la voluntad de utilizar los protocolos en tu beneficio. Eso te dio control sobre las negociaciones. Tenías el conocimiento de las habilidades de Kaneo y perspectiva de como él y el Escorpión reaccionarían a tu reto.
Tuviste la fuerza para derrotarle y la determinación de seguir con el plan. Planificación perfecta, ejecución perfecta, resultados perfectos. La única cosa que no ha sido perfecta -”
Saori le cortó. “He sido yo disgustada por todo el asunto.”
Garen sonrió burlón. “Solo eres humana, después de todo. Aun así, mostraste una debilidad que el Escorpión podría haber explotado. Eres afortunada de que fui yo quien te encontró aquí, y no ellos. Tal como están las cosas, los únicos que conocemos tu debilidad somos yo y...” se detuvo y le dejó a Saori que terminara la frase.”
“Y Choshi.”
“Correcto.”
“¿Entonces que harás sobre esto?”
“Tú tienes las respuestas. La pregunta es ¿qué te dirán?”
•
“¿Sí, Saori-san? ¿Puedo ayudarte?” Doji Choshi miró por encima de los pergaminos que estaba inspeccionando.
“Si pudiera disponer un momento de vuestro tiempo, Choshi-san.” Choshi enarcó una ceja ante el tono de Saori, pero no dijo nada.
Saori empujó una silla enfrente de Choshi y se sentó antes de continuar. “Las negociaciones fueron fructíferas.”
“Por supuesto. Hiciste bien tu parte, Saori-san. Deberías apartar de ti tus reticencias.”
Saori hizo una mueca. “No tengo reticencias. Hice lo correcto. Kaneo no era nada más que un obstáculo que necesitaba ser eliminado. Es otra cosa con la que no estoy conforme.”
Choshi se rascó la cabeza y enarcó de nuevo la ceja. “¿Cual es?”
“Tú planeaste todo esto y no me incluiste en tus planes. Fui tu herramienta. Nada más.”
“No planeé nada hasta que desafiaste a ese loco de Kaneo a un duelo. Simplemente aproveché la oportunidad de tomar una ventaja.”
“Una vez estuviste segura que no quedarías expuesta. Si algo hubiese ido mal, yo habría sido la que pareciera impetuosa e incompetente. Tú habrías estado libre de cualquier acusación.”
“Puede ser, pero tu has tienes el crédito.”
“¿Crédito por qué?” Saori escupió. “Nadie me considera una negociadora habilidosa tras esto. Sólo piensan que soy peligrosa con la espada.”
Choshi sonrió ligeramente. “¿Y esa reputación es mala? Podemos utilizarla.”
“No podemos. Puedo. Puedo utilizarla. Empezando ya. Desde ahora mismo, no me dirás que mate a nadie. No soy tu asesino personal. Si hay razón para necesitar la muerte de nadie, me dirás las razones antes. No actuaré a menos que sepa porqué lo estoy haciendo. ¿Entiendes?”
Ahora la voz de Choshi se endureció y pareció más enfurecida. “¡Cumplirás con tu deber, samurai!”
“No tal y como tu lo defines.”
“¡Soy tu superior!”
“No eres tal cosa. Eres un igual que ha conseguido mejor posición mediante la manipulación. No seré manipulada por ti ni por nadie más. Desde ahora, somos iguales. Si estoy de acuerdo en que alguien debe morir, lo haré. No harás nada para dominar mi voluntad. Trabajaremos juntas, bajo mis términos, o nuestra asociación terminará.”
Choshi intentó hablar, pero el miedo tras sus ojos no dejaba duda de que no tenía fé en que aquello acabara bien para ella.
“Ahora que el problema se ha solucionado, creo que haremos un buen equipo, Choshi-san. ¿No estás de acuerdo?”
por Rusty Priske
Editado y Desarrollado por Fred Wan
Traducción de Bayushi To y Bayushi Elth
La voz de Doji Saori sonó claramente. “A muerte.”
Los ojos de Bayushi Kaneo mostraron su sorpresa, pero no dijo nada. Simplemente asintió levemente.
Yoshimo no intento esconder su desagrado. “Que así sea.”
El Fénix se echó para atrás, dejando a Kaneo y a Saori espacio para moverse.
Una vez que no había oídos para oírle que no fuesen las de su adversario, Kaneo dijo. “¿A muerte por un punto de una negociación? Parece un poco excesivo.”
Saori no dijo nada.
“O, ¿así es como va a ser entonces? No soy ningún idiota. Se que no soy adversario para ti en duelo. ¿Un duelo letal por una disputa de negocios? Podrás ganar aquí, hija de Doji, pero habrá preguntas. La Espada Oscura pedirá respuestas.”
Kaneo fue el primero en moverse. Saori la última.
Mientras limpiaba la sangre de su katana, Saori oyó la declaración de Yoshimi, sin escuchar las palabras. En vez de eso su atención estaba fija en Doji Choshi, que se encontraba cerca del borde del patio, con una leve sonrisa en su cara.
Ninguno de los Grulla vio las chispas en el ojo del gaijin que observaba desde el umbral de la puerta.
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“Bien hecho, hermana. Tus habilidades han servido a tu clan admirablemente bien hoy.” Doji Chosi sonreía mientras hablaba, pero la única respuesta que obtuvo de Saori fue una mirada. “¿Qué pasa? Pareces enfadada conmigo.”
“Ese hombre no tenía porque morir. Su insulto no era tan grave como para ello.”
Chosi actuó asombrada. “¿Por qué crees que el honor es algo que va por capas, Saori? Insultó tu honor y también el honor de tu clan.”
“Estaba negociando.” Saori sacudió su cabeza. “Era un acuerdo comercial. Cuando dijo que nuestra oferta era injusta, estaba simplemente buscando una apertura para hacer una contraoferta.”
Chosi bajó la voz. “Aun así tu te ofendiste.”
Saori bajó la cabeza. “Por que me convenía. Una vez que le hubiese ganado en el duelo ya no podría presentar su contraoferta; lo más probable es que nuestros términos fuesen aceptados.”
“Aun así insinúas que te pedí que hicieses algo inaceptable, cuando era tu propia idea.”
Los ojos de Saori brillaron de cólera. “Le habría vencido sin matarlo.”
Choshi pareció pensativa.”¿Tú crees? Kaneo era un Escorpión. ¿Crees realmente que no habría encontrado otra manera para retorcer el acuerdo en su beneficio? Ahora no puede y tendremos nuestro acuerdo.”
“Entonces un hombre muere por arroz, y yo soy una asesina en vez de un samurai.”
“No es la primera vez que alguien muere por arroz, Saori-san. Y no será la última. Hiciste tu deber como Grulla. No te condenes por ello.”
Saori asintió. “Deber y honor.”
•
Saori andaba por los jardines de Nikesake. Eran bonitos, pero no tanto como los que había cerca de su hogar. La belleza la ayudaba a olvidar la fealdad asociada con las cortes. Mientras miraba su reflejo en una fuente quieta se dio cuenta que, esta noche, la belleza tenia una dura batalla.
“Ah, hola Doji-sama.”
La voz la asustó y la sacó fuera de su ensueño. Reconoció el extraño acento inmediatamente, incluso antes de que el atractivo extranjero se pusiese a la vista.
“Buenas tardes, Capitán Garen. No le había visto.”
“Vengo aquí a menudo, pero no suelo mantenerme a la vista. Se que muchos vienen aquí a reflexionar y no quería molestarla.”
“No se preocupe Capitán. Es mejor dejar algunas reflexiones para otro momento.”
“En ese caso ven y únete a mi. Sería para mi un gran honor disfrutar de su compañía.” Garen se movió hacia dos bancos rodeados de arbustos floridos.
“Gracias por la invitación. Será un placer.” Saori siguió la mano de Garen y se sentó en uno de los bancos. Garen la siguió y se sentó cerca, pero sin tocar.
“Vi su duelo hoy.” Garen vio que Saori giraba levemente hacia el otro lado y continuó. “Tiene mucho talento.”
“Nunca hubo lugar a duda de que ganaría. Kaneo era muchas cosas, pero no era un buen duelista.”
Garen movió su cabeza. “Entonces ¿por qué acepto el duelo si significaba su muerte?”
“No tenía porque. El insulto se podía haber vengado a primera sangre.”
Por un momento Garen leyó la expresión de la cara de Saori y luego dijo, “El Bushido no permite eso, ¿verdad?”
La Grulla miró de vuelta a Garen por la primera vez desde que había mencionado el duelo.”El Bushido no permite muchas cosas. Pero pide otras cosas de ti. ¿Qué sabes tú del Bushido?”
“Solo lo que he aprendido. Se de las virtudes, que también están consideradas virtudes de allá donde vengo. La diferencia es que no son las únicas virtudes que me han enseñado. Pero son buenas, aunque un poco extrañas a veces.”
“¿A qué te refieres con extrañas?”
Garen se encogió.”Te dicen que vivas siguiéndolas siempre, pero a veces se contradicen entre ellas. No hay nada raro en ello. Esas son las decisiones que hacen de cada uno quien somos. Solo que los samuráis declaráis que debéis seguir el Bushido en todo momento. Simplemente no veo como eso es posible.”
Saori se estiró levemente. “Eso es por que no eres samurai.”
“Cierto. No lo soy. Pero, aún así, ¿podría explicarme Honradez y Sinceridad? ¿Cómo puedes tener una regla que te dice que siempre tienes que ser sincero, no importa lo que digas, mientras que otra te dice que siempre tienes que decir la verdad? Si siempre dices la verdad, ¿por qué tendrías que preocuparte sobre la sinceridad? La verdad es siempre sincera ¿no?”
“Es una manera simplista de ver las cosas.”
“Bueno, soy un hombre simple. Habiendo vivido tanto tiempo abordo de un barco te lleva a ver las cosas de una manera más directa.”
Las comisuras de los labios de Saori se elevaron un poco. “Vivir como un samurai no es tan simple.”
Garen rió. “En eso estamos de acuerdo. Pero está claro que es interesante aprender. Verás, una de las otras cosas que valoramos allá donde vengo es el Conocimiento, cuanta más información tienes más razonadas y razonables serán tus elecciones. El Conocimiento es la llave hacia la sabiduría, eso siempre me han dicho.”
“Exacto.” Garen prosiguió. “¿Habría actuado Kaneo de otra forma si hubiera sabido que ibas a pedir su cabeza? Ese era un conocimiento que no tenía, y que claramente necesitaba.”
Saori sonrió afectada. “Él no es el único que hubiera actuado de forma diferente si...” se detuvo. “El conocimiento no hace ningún bien si lo que sabes se enfrenta con tu deber.”
“Ah, pero sí lo hace. Hoy cumpliste con tu deber, pero ese deber le costó su cabeza sólo porque tú lo permitiste, ¿no? Si hubieras manejado el incidente con Kaneo de forma diferente, no se te habría pedido que realizaras unas acciones con las que evidentemente no estabas de acuerdo.”
Los ojos de Saori se agrandaron. “Mostráis gran presunción, Capitán.”
“¿Pero estoy equivocado?”
Saori pensó por un momento antes de decir suavemente. “No lo estáis. Sois bastante observador, Garen-san. Has sabido ver la situación y leer correctamente mis pensamientos. Veo por qué dices que el conocimiento es tan importante.”
“Avisado y preparado y eso es todo. Es más que simple conocimiento, creo. También me enseñaron que tener perspectiva es una gran virtud. El conocimiento son sólo los datos. Ser capaz de ver la verdad tras los datos es una cosa completamente diferente.”
“Ya veo. Aun así, esas virtudes no pueden sustituir al bushido. No puedo dedicarme al conocimiento y a la perspectiva en detrimento del honor y el deber. Hay ciertas cosas que un samurai no puede ignorar.”
Garen miró directamente a sus ojos. “¿Cómo compasión? ¿Cortesía?”
Ella encontró su mirada impenetrable. “Esas cosas son parte del Bushido.”
“Aun así, mostraste poca cortesía cuando no le avisaste por anticipado para que pudiera prepararse antes del duelo.”
“Me insultáis, capitán. No creo que sea vuestra intención.”
“Es la última cosa que querría hacer, créeme. No soy samurai. Solo estoy señalando que hay un conflicto entre cortesía y deber. Tenías que hacer una elección y la hiciste. No hay vergüenza en ello. Luchas por adherirte a un código lleno de contradicciones. Igual que el problema entre honestidad y sinceridad, hay conflictos inherentes al bushido que debes asumir para no volverte loco. Estoy convencido que esos conflictos son los que llevan a algunos samurai a seguir las tinieblas. Se vuelven perdidos porque no pueden encontrar respuestas en el bushido.”
“Me enseñaron que todas las preguntas tienen respuesta en el bushido.” Saori miró a Garen pero parecía un poco triste tras su declaración. “Pero has sacado a la luz algunas preguntas interesantes.”
“Me encantaría hablar más profundamente, si me lo permitís.”
Saori sonrió. “Puede que mañana me encuentre caminando por aquí por la noche a la misma hora.”
Garen sonrió feliz.
•
El rostro de Saori se iluminó cuando vio a Garen esperándola. Él sonrió y la llevó al mismo lugar de la noche anterior. “Creo que tus negociaciones han ido bien hoy.”
Ella afirmó. “El sustituto de Kaneo tiene las manos atadas. No pudo seguir diciendo que nuestra oferta no era limpia sin contradecir los resultados del duelo de ayer. Así que ha sido cortés y sincero, mientras aceptaba un acuerdo que no quería.”
“Así que tu clan consigue lo pretendido, usando el honor como una herramienta.”
Saori cabeceó. “Cuando el honor es sólo una herramienta, no sé si sigue siendo honor.”
Garen agitó su cabeza. “El asunto en realidad es, ¿fue el honor el que arregló el problema? ¿O fue la fuerza? En cualquier conflicto hay una parte débil y una parte fuerte. Tomaste el conocimiento que tenías, sabiendo que el Escorpión no podría usar el suyo para engañarte, y usaste tu posición de fuerza para forzarle a un acuerdo.”
“Yo no forcé a nadie a nada.”
“Lo arreglaste para que sólo tuviera una opción. ¿Cómo que eso no es forzarle? Ahora no pienses que estoy diciendo que hiciste algo mal. La fuerza es una ventaja. Es mejor ser la parte fuerte que la parte débil, ¿no? La fuerza es a todas luces una virtud igual que el conocimiento o la perspectiva. O honor o deber, para este asunto.”
“¿Entonces la fuerza debe triunfar siempre? ¿Qué pasa con la compasión por los débiles?”
“La fuerza puede permitir la compasión. La razón por la que no pudiste mostrar compasión por Kaneo ayer es que no eras lo suficientemente fuerte, o él no era lo suficientemente débil. Es fácil mostrar compasión hacia aquellos que no pueden herirte. ¿Mostrarías compasión por alguien que puede derrotarte? Eso sería nada más que una locura.”
“Es bushido.”
“Excepto cuando no lo es. Eso es lo que yo entiendo.” Garen miró a su alrededor, intentando buscar un buen ejemplo. “Aquí, mira esta flor. Aplícale a ella el bushido.”
Saori arrugó su frente. “¿Qué quieres decir? Sólo es una cosa.”
“Pero el Bushido se supone que es aplicable a cualquier acción. Dime que dice el bushido de esta flor.”
“No dice... nada.”
Garen agitó su cabeza. “Tiene que decir algo. ¿Qué puedes decirme sobre ella?”
“Es, uh, es roja. Tiene tres hojas saliendo debajo de sus pétalos.”
“¿Es bonita?”
“Sí.”
“Estoy de acuerdo. Me gusta mucho esta flor. ¿Es perfecta?”
“Supongo. ¿Por qué?”
Garen sonrió. “Acabas de responder a tu propia pregunta. Respondiste con sinceridad, sabías que era lo que quería oír. No respondiste honestamente, sin embargo.”
Saori frunció el ceño. “Siempre vuelves sobre la honestidad y la sinceridad. Reconozco que son difíciles de reconciliar. Pero...”
Garen la interrumpió. “No es difícil. Es imposible. Pero, este no es el punto al que quiero llegar. Quiero enseñarte que hay otras virtudes que son igualmente valiosas que las del bushido. Mira de nuevo esa flor. Como sabes, no es perfecta. Hay una imperfección en uno de sus pétalos. No es tan grande como para que deje de ser bonita, pero no es perfecta. Ahora mira a esta otra flor, acércate. ¿Cual es mejor?”
Saori examinó ambas flores. “Esta otra. Tiene las mismas características, pero sin imperfecciones.”
“Entonces, es perfecta, y por tanto es mejor.”
“Sí.”
“Entonces tu concepto de perfecto es mejor que simplemente bueno. ¿Esto no convierte a la perfección en una virtud que perseguir?”
Saori sonrió. “Estás hablando con una Grulla. Ya conocemos de sobra el valor de la perfección.”
“¿De veras? Yo pensaba que vivías por el bushido. ¿En cual de sus preceptos se anima y persigue la perfección?”
“En todos ellos.”
“¿Y la Grulla lo cumple mejor que todos los demás?”
“Eso creemos, sí.”
Garen frunció sus labios. “Entonces, ¿le dirías al León que el bushido que ellos practican es imperfecto y que no están siguiendo el camino del samurai?”
“No, nunca haría eso. Su camino es diferente al nuestro, pero no intrínsecamente equivocado.”
“Pero, si son diferentes, ¿cómo pueden ser ambos perfectos?”
Saori no respondió.
“No quiero que cuestiones la habilidad de otros para seguir el bushido, solo que la perfección es una virtud por sí misma, completamente separada de las otras, incluso aunque labre su camino a través de todas ellas. La perfección es una meta acompasada que rodea y envuelve todas las acciones.”
Saori sonrió. “Ahora suenas como un samurai.”
Garen le devolvió la sonrisa. “Gracias por el cumplido. Entonces, has terminado tus negociaciones con el Escorpión. ¿Marcharás a casa? Se que tus tierras están en guerra.”
El rostro de Saori se oscureció. “Sí. El Dragón continúa su asalto deshonroso.”
“Quizá no era en el honor en lo pensaban cuando atacaron. No puedo hablar por ellos, y no tengo ni idea de sus verdaderas motivaciones, pero se todo lo que buscan la mayoría de las guerras.”
“¿Y que es?”
“Tierra. Aquel que controla la tierra, controla el mundo. Incluso una persona nacida en el mar como yo conoce eso. Nosotros simplemente lo expresamos de forma diferente.”
Saori se encogió de hombros. “Yo no estoy tan segura.”
Garen la miró intencionadamente. “Pero lo sabes. Aunque la guerra sea en los campos o en la corte, sigue siendo una guerra. Cuando mantienes una negociación, ¿qué estás intentando hacer? Controlar el campo de batalla. Una vez que lo haces, la guerra está prácticamente ganada.”
“Por supuesto. Cualquier cortesano avezado conoce los paralelismos entre la guerra y la corte.”
“Correcto. Entonces, ¿cual es la parte más importante de una batalla?”
Los ojos de Saori pestañearon mientras trataba de ver hacia donde la estaba llevando Garen. “Antes que comience la batalla. Asegurar que la situación está orientada hacia tu objetivo.”
Garen afirmó. “Control. Es todo control. Necesitas controlar la situación. Necesitas controlar a tu oponente. Necesitas controlarte a ti misma.”
Ella devolvió el cabeceo. “Eso es cierto del todo.”
“¿Entonces no es el control una de las virtudes de las que estamos hablando? ¿No es algo que perseguir? El control y la fuerza combinados pueden fácilmente asegurarnos la victoria, ¿no?”
Saori agitó su cabeza. “Hay más que eso.”
Garen afirmó vigorosamente. “Por supuesto que lo hay. Además necesitas el conocimiento y comprensión de la situación para estar seguro que la victoria que estás logrando es la que quieres conseguir. Si sabes lo que se necesita, sabes cual va a ser el resultado, sabes como te beneficiará, tienes la fuerza para superar a tu oponente y controlas la situación puedes evitar cualquier obstáculo. Encontrarás la perfección que has alcanzado en iaijutsu, en todas las partes de la vida.”
Saori le miró y se preguntó. “¿Y eso es todo según tú? Haces que suene tan fácil.”
“Eso es, mientras estés bendecida con otras dos virtudes.”
Saori le miró ansiosa. “¿Y son?”
“La voluntad para actuar y la determinación para ver más allá.”
“Entonces, si atesoro esas otras virtudes, fuera del bushido,” Saori resumió, “las cosas ayer habrían sido muy diferentes con Kaneo.”
Garen agitó su cabeza. “No diferentes del todo, excepto que no habrías necesitado a Choshi para decirte lo que tenías que hacer.”
Saori le miró. “Entonces ¿que ha cambiado? ¿Qué tienen de especial esas virtudes si las cosas no son diferentes?”
Garen sonrió. “No dije que las cosas no cambiarían. Dije que las cosas no hubieran sido diferentes con Kaneo. Choshi estaba en lo cierto al pedirte que lo eliminaras. Tú hiciste bien al hacerlo; era el decir que el bushido lo permitía lo que era un error. Veamos la situación de nuevo. Exigiendo el duelo mostraste la voluntad de utilizar los protocolos en tu beneficio. Eso te dio control sobre las negociaciones. Tenías el conocimiento de las habilidades de Kaneo y perspectiva de como él y el Escorpión reaccionarían a tu reto.
Tuviste la fuerza para derrotarle y la determinación de seguir con el plan. Planificación perfecta, ejecución perfecta, resultados perfectos. La única cosa que no ha sido perfecta -”
Saori le cortó. “He sido yo disgustada por todo el asunto.”
Garen sonrió burlón. “Solo eres humana, después de todo. Aun así, mostraste una debilidad que el Escorpión podría haber explotado. Eres afortunada de que fui yo quien te encontró aquí, y no ellos. Tal como están las cosas, los únicos que conocemos tu debilidad somos yo y...” se detuvo y le dejó a Saori que terminara la frase.”
“Y Choshi.”
“Correcto.”
“¿Entonces que harás sobre esto?”
“Tú tienes las respuestas. La pregunta es ¿qué te dirán?”
•
“¿Sí, Saori-san? ¿Puedo ayudarte?” Doji Choshi miró por encima de los pergaminos que estaba inspeccionando.
“Si pudiera disponer un momento de vuestro tiempo, Choshi-san.” Choshi enarcó una ceja ante el tono de Saori, pero no dijo nada.
Saori empujó una silla enfrente de Choshi y se sentó antes de continuar. “Las negociaciones fueron fructíferas.”
“Por supuesto. Hiciste bien tu parte, Saori-san. Deberías apartar de ti tus reticencias.”
Saori hizo una mueca. “No tengo reticencias. Hice lo correcto. Kaneo no era nada más que un obstáculo que necesitaba ser eliminado. Es otra cosa con la que no estoy conforme.”
Choshi se rascó la cabeza y enarcó de nuevo la ceja. “¿Cual es?”
“Tú planeaste todo esto y no me incluiste en tus planes. Fui tu herramienta. Nada más.”
“No planeé nada hasta que desafiaste a ese loco de Kaneo a un duelo. Simplemente aproveché la oportunidad de tomar una ventaja.”
“Una vez estuviste segura que no quedarías expuesta. Si algo hubiese ido mal, yo habría sido la que pareciera impetuosa e incompetente. Tú habrías estado libre de cualquier acusación.”
“Puede ser, pero tu has tienes el crédito.”
“¿Crédito por qué?” Saori escupió. “Nadie me considera una negociadora habilidosa tras esto. Sólo piensan que soy peligrosa con la espada.”
Choshi sonrió ligeramente. “¿Y esa reputación es mala? Podemos utilizarla.”
“No podemos. Puedo. Puedo utilizarla. Empezando ya. Desde ahora mismo, no me dirás que mate a nadie. No soy tu asesino personal. Si hay razón para necesitar la muerte de nadie, me dirás las razones antes. No actuaré a menos que sepa porqué lo estoy haciendo. ¿Entiendes?”
Ahora la voz de Choshi se endureció y pareció más enfurecida. “¡Cumplirás con tu deber, samurai!”
“No tal y como tu lo defines.”
“¡Soy tu superior!”
“No eres tal cosa. Eres un igual que ha conseguido mejor posición mediante la manipulación. No seré manipulada por ti ni por nadie más. Desde ahora, somos iguales. Si estoy de acuerdo en que alguien debe morir, lo haré. No harás nada para dominar mi voluntad. Trabajaremos juntas, bajo mis términos, o nuestra asociación terminará.”
Choshi intentó hablar, pero el miedo tras sus ojos no dejaba duda de que no tenía fé en que aquello acabara bien para ella.
“Ahora que el problema se ha solucionado, creo que haremos un buen equipo, Choshi-san. ¿No estás de acuerdo?”
por Rusty Priske
Editado y Desarrollado por Fred Wan
Traducción de Bayushi To y Bayushi Elth
Paisajes
El sur de las Llanuras del Corazón del Dragón eran rocosas y planas, con áreas de piso extremadamente traicionero y escasos lugares donde hubiese agua. No tenía tan mal agüero como la parte norte, donde yacían las ruinas de los Chuda, pero casi siempre estaban igual de desiertas. Usualmente, pero no ahora. Las fuerzas Dragón que retrocedían de Kosaten Shiro habían acampado aquí, deteniéndose en Nanashi Mura para recoger los suministros que tan desesperadamente necesitaban antes de completar su marcha de vuelta a Shiro Mirumoto. Las fuerzas Grulla que les perseguían habían acampado a cierta distancia, las primeras unidades, de despliegue rápido, esperando impacientes a los refuerzos necesarios para enfrentarse a los Dragón. Los generales de los dos ejércitos estudiaban sus mapas y planeaban. Sin cesar, exploradores patrullaban la tierra entre ambos y a veces se enfrentaban entre si. El resto de los hombres esperaba, preparándose para la inminente batalla en la forma que le parecía mejor. Y así fue como Daidoji Yaichiro se encontró con tiempo para pintar.
No lejos del campamento Grulla había una pequeña colina, demasiado baja para convertirse en un buen puesto de observación, pero en cualquier caso con una atractiva vista. Yaichiro se arrodilló en la cresta de la colina, mirando hacia el norte, el blanco papel ante él, sujetado por pequeñas piedras. Cerca había otros cuantos dibujos, también sujetados por piedrecillas. Yaichiro ignoró el viento que intentaba provocar a que su largo y blanco pelo saliese de su moño, y en vez de eso estudió el paisaje que tenía ante él, absorbiendo cada quiebro y elevación que conformaba su superficie, cada matorral y roca que le daba textura. Cuando pensó que no podía aprender más observándolo cogió su pincel, lo frotó contra la piedra de tinta que tenía preparada, y empezó a pintar. Trabajó con rapidez pero sin prisa, y muy pronto el paisaje apareció en el papel que tenía ante él. Casi había terminado cuando una voz surgió de entre los matorrales que tenía detrás.
“Muy bonito, pintorcillo. ¿Pero qué harías si surgiese de los matorrales y te atacase?”
Yaichiro se detuvo solo un momento. “Te apuñalaría en el ojo con mi pincel,” dijo tranquilamente. “Y luego te maldeciría por arruinar mi dibujo. Saludos, Gempachi.”
Daidoji Gempachi se rió y anduvo hasta la cresta de la colina, mirando hacia la lejanía. Era de una estatura normal, pero muy musculoso, y tenía el pelo negro y muy corto. “Siempre tiene una rápida respuesta.”
“Y eso es bueno. Imagínate en cantos problemas nos hubiésemos metido esa noche en el Festival de las Flores de los Cerezos si no fuera así.”
“No necesariamente,” dijo Gempachi. “La geisha del Faisán Dorado hubiese podido decir algo bueno de nosotros. Nos dejamos bastante dinero allí.”
“No creo que sea inteligente contra con algo así. ¿Y si el otro hombre se había gastado más?”
“¿Esa noche? No creo que hubiese sido posible.” Gempachi abrió las manos, poniendo fin al tema. “Pero he venido a darte las gracias, no a discutir contigo.”
“¿Darme las gracias?” Dijo Yaichiro. Miró a su amigo con expresión de leve curiosidad en su cara. “¿Qué es lo que me tienes que agradecer?”
“Bien hecho,” dijo Gempachi. “Uno nunca sabría al mirarte que cuando llegué esta mañana al campamento se me informó que me ascendían al rango de gunso y que me ponían bajo el mando del Chui Daidoji Yaichiro.”
“O, eso,” dijo Yaichiro, sonriendo levemente. “Solo recomendé a un hombre de fiar que ha regresado recientemente de entrenar con los Cangrejo para un puesto para el que estaba bien cualificado. No me merezco que me des las gracias por cumplir con mi deber.”
Gempachi se rió. “Tu obligación parece ser conseguir un largamente buscado ascenso para un viejo amigo.”
“Una coincidencia, aunque bienvenida. Pero hablé con el propio Doji Masaru-sama, y el estuvo totalmente de acuerdo con mi recomendación.”
Hubo un momento de silencio. “Doji Masaru,” dijo Gempachi, dando a la primera palabra un leve énfasis. “¿Ha estado alguna vez en Kosaten Shiro?”
Yaichiro detuvo su trazo, algo confundido por la pregunta. “¿Y quién no lo hizo? Ha hecho,” se corrigió a si mismo. “¿Por qué lo preguntas?”
Gempachi se sentó junto a su amigo y bajó la voz. “Cuando volvía de las tierras Cangrejo, mi camino me llevó cerca de Kosaten Shiro. Ahí entró en contacto conmigo un magistrado de nuestra familia que investigaba el asunto del seppuku de Doji Ran. Tenía unas preguntas sobre las Tierras Sombrías que esperaba yo pudiese contestar.”
“A Ran la culparon de negligencia en sus obligaciones durante el ataque,” objetó Yaichiro, su voz igual de baja. Siguió pintando. “¿Qué tienen que ver las Tierras Sombrías con eso?”
“La cosa que se hace llamar Daigotsu Rekai era prisionera en Kosaten Shiro,” dijo Gempachi, su voz un susurro. “El verdadero crimen de Ran fue permitir que escapase.”
Una fea raya negra se pintó en el papel mientras Yaichiro miraba asombrado a su amigo. “¡Eso no es posible!”
“Yo tampoco quise creerlo, pero sabía que el magistrado no solo era honorable sino que además se podía confiar en él. Había escuchado ese relato de uno de los soldados de Ran, que había confiado en él antes de cometer seppuku. Y como magistrado quería saber como la gran vergüenza de nuestra familia llegó a ser encarcelada en uno de nuestros castillos, sin que lo supiese el Señor Kikaze.”
Yaichiro miró hacia otro lado, incapaz de mantener su cara bajo control. Volvió a abrumarle todo el dolor y la pena que había sentido la primera vez que escuchó que Daidoji Rekai había caído, junto al grasiento y amargo sabor de la traición. “Los Doji lo hicieron,” dijo. “Los Doji han hecho esto.”
“Una Doji hizo esto—Doji Ran,” le corrigió Gempachi. “Pero Ran no tenía un puesto tan elevado como para hacer esto ella solo, y no sabemos quien estaba tras ella. Fuese quien fuese, eligió Kosaten Shiro—y a los Doji no les faltan castillos.”
“No fue un Daidoji,” dijo Yaichiro.
Gempachi se encogió de hombros. “Si lo fue, que los Cielos se apiaden de él. Kikaze no lo hará.”
El silencio cayó entre ambos. Yaichiro miró a la ruina en que se había convertido su dibujo, lo puso a un lado y empezó a recoger sus cosas.
“No sé porque te preocupas por eso,” dijo Gempachi, encantado de empezar un nuevo tema. “No conozco a ningún otro Daidoji que disfrute con eso. Deberías haber nacido Kakita.”
“Me gusta pintar, y estos dibujos pueden serle útiles al general,” dijo Yaichiro. “Y me ayuda a ver con claridad. No hay razón alguna por la que los mapas tácticos no puedan ser también agradables a la vista.”
“Pero tus dibujos no servirán para nada cuando perdamos nuestro vagón de equipajes. Recuerdas lo que pasó en Momozono Mura, ¿verdad?”
“¿No servirán para nada?” Repitió Yaichiro. “Ya lo veremos cuando empiece la batalla. ¿Pero le dirías eso a un cerezo en flor?”
Gempachi arqueó una ceja y sonrió.
“Suspiramos por flores de
cerezos pero las dejamos
las mujeres son mejor, “ dijo.
•
El suelo era pedregoso y estaba sembrado con barrancos y pequeños accidentes. Yaichiro lo había pintado en un día soleado y lo recordaba cubierto de una pequeña capa de césped y respingonas y delicadas flores salvajes. Ahora tanto el césped como las flores habían desaparecido, aplastadas por hombres luchando y muriendo. El sol también se había ido, cubierto por nubes grisáceas que amenazaban lluvia. Contempló la batalla, notando admirado que la general Dragón estaba usando su conocimiento superior de las llanuras del Corazón del Dragón para su ventaja. El ejército Grulla, aun así, parecía estar manteniendo su posición simplemente rechazando retroceder de allí. Yaichiro cambió su agarre sobre su yari y rezó para que pudiera encontrar la muerte con la misma resolución que los hombres frente a él estaban mostrando.
Gempachi permanecía junto a su amigo, mirando la batalla con diferentes ojos. No había nada que temer allí excepto el acero empuñado por los hombres, y el Muro le había enseñado que no había nada que temer en absoluto. Tanto como se lo permitía el caos reinante seguía las evoluciones de guerreros individuales, intentando conseguir comprender como luchaba un Mirumoto, y como era más fácil matarle.
“La señal,” dijo Yaichiro. Indicó a un oficial montado gritando órdenes a las unidades a su alrededor. “Nos movemos ahora.” Inhaló aire profundamente. “¡Honor para nuestro clan!” gritó.
“¡Muerte a nuestros enemigos!” rugieron a la espalda de Gempachi el resto de sus hombres.
•
La tierra estaba sembrada con pedruscos de todos los tamaños. Yaichiro serpenteaba entre ellos, demasiado exhausto para preocuparse por la lluvia que caía. No tenía idea de cuanto llevaba luchando; las horas habían fluido continuadas en una mezcla de miedo, fango y rabia. Su yari había desaparecido, y no podía recordar cómo lo había perdido. Esperaba que lo hubiera dejado en un Mirumoto, y no yaciendo en el suelo en cualquier parte. Su botella de agua también había desaparecido, y su garganta sufría por la sequedad. Echó atrás su cabeza, abrió su boca y bebió de la lluvia.
Después de unos minutos se sentó ligeramente. La lluvia no había hecho nada más que humedecer su boca, pero eso tendría que ser suficiente por ahora. Aproximadamente un cuarto de sus hombres seguía con él, el resto abandonados a la muerte o el caos. El Dragón finalmente había tenido éxito en empujar la línea Grulla, y con el desorden resultante había perdido el sentido de donde estaba. Mientras estudiaba los alrededores Yaichiro cayó en la cuenta con sorpresa de que era el área que había estado pintando mientras hablaba con Gempachi. Sonrió levemente para sí mismo y estaba a punto de llamar a su amigo cuando un movimiento fue captado por su ojo. Se quedó congelado y miró más cuidadosamente. En la parte más alejada del campo un grupo de samurai Mirumoto se movían cautelosamente hacia un barranco. Yaichiro trazó el camino del barranco en su memoria y se dio cuenta que llevaría a los Mirumoto alrededor de la batalla y de vuelta tras la líneas Grulla, cerca de su puesto de mando. Su mente se quedó helada ante tal cosa y sabía que debía hacerse.
“¡Gunso! ¡Con cuidado!” llamó en voz baja.
Gempachi gateó una roca y se detuvo a un brazo de distancia. En algún momento había perdido su kabuto y había sido herido en la cabeza. Estaba vendada y había dejado de sangrar, pero el dolor era implacable. “¿Chui?” dijo débilmente.
“Hay un grupo de samurai Dragón intentando atacar nuestro puesto de mando.”
“¿Y eso? ¿Qué vamos a hacer con ellos?”
La mente de Yaichiro estaba perfectamente serena y en calma. “Vamos a morir.”
“Oh,” dijo Gempachi. “Bien, si eso es todo... reuniré a los hombres.” Retrocedió.
Yaichiro volvió su atención a la tierra, y mientras su unidad se reagrupaba buscó el punto en que quería atacar a los Mirumoto. Cuando el último samurai Dragón desapareció en el barranco los Grulla se levantaron y corrieron.
•
La cima de la colina había sido despejada de cadáveres, y las lluvias habían limpiado toda la sangre. Yaichiro estaba sentado de nuevo en su cima, mirando al norte. El calor del sol suavizaba el dolor de la herida de espada en su brazo izquierdo, pero no hacía nada por el dolor de su corazón.
“¿Vas a dejar de fruncir el ceño en algún momento?” preguntó Gempachi. Estaba recostado sobre un pedrusco cercano, con los ojos entornados por el sol. El corte en su cabeza se había cosido limpiamente y estaba sanando en una prominente cicatriz.
“¿Vas tú a dejar de mirarme sonriente como un idiota?” dijo Yaichiro.
Gempachi se sentó, atento a la amargura en la voz de su amigo. “¿Por qué no debería sonreír? Estoy vivo. Mi mejor amigo está vivo. Mi oficial al mando ha sido reconocido por su heroísmo en la batalla, y parte de esa gloria recae sobre mí. ¿Cual es el problema?”
“Perdimos la batalla,” dijo Yaichiro. “El Dragón se ha retirado, no de nosotros, sino de ellos.” Movió su cabeza hacia el campamento al oeste, donde los estandartes con el mon del León se agitaban con el viento. “Deberíamos haber muerto en aquel barranco – ellos habían enviado una segunda oleada de hombres que podrían habernos barrido y continuar hacia el puesto de mando. Pero vieron venir la primera de las unidades León, y se retiraron en lugar de eso.”
“¿Y?” dijo Gempachi, encogiéndose de hombros. “Cuando un granjero es atacado por ratones, coge un gato y se olvida de ello.”
“¿Y qué es eso? ¿Qué el Dragón tema la fuerza del León y no la nuestra no te importa?”
“Dicen que los samurai Mirumoto pasan parte de cada día meditando. Este invierno mientras los niños del León estén comiendo arroz de la Grulla y los niños del Dragón estén comiendo piedras, podrán meditar sobre la fuerza.”
Yaichiro parpadeó, su rostro se volvió pensativo. “Nunca pensé en el arroz como fuerza. Parece... impropio, de alguna forma.”
“Vete a vivir al Muro una temporada,” dijo Gempachi. “Los comandantes Cangrejo no pierden el sueño preocupados por la fuerza de sus samurai, sino por la fuerza de su cadena de abastecimientos. El Dragón debería haber dedicado más pensamiento a la suya antes de empezar una guerra con nosotros.”
“Has cambiado,” dijo Yaichiro. Estaba sonriendo ahora. “Has vuelto del Cangrejo iluminado.”
“Iluminado,” dijo Gempachi con una risa. “Ese es mi premio tras una noche en el mundo del sauce.”
“Ahora que el Dragón se ha ido, Nanashi Mura está abierta para nosotros,” dijo Yaichiro pensativo. “He oído que hay una casa de geishas que el mismo Shogun solía visitar.”
“¿De veras?”
Yaichiro afirmó y se puso en pie. “Y si era suficientemente buena para él, probablemente lo sea para nosotros. Vayamos a ver si nuestra nueva gloria nos consigue papeles de viaje para la ciudad.”
por Nancy Sauer
Editado por Fred Wan
Traducción de Mori Saiseki y Bayushi Elth
No lejos del campamento Grulla había una pequeña colina, demasiado baja para convertirse en un buen puesto de observación, pero en cualquier caso con una atractiva vista. Yaichiro se arrodilló en la cresta de la colina, mirando hacia el norte, el blanco papel ante él, sujetado por pequeñas piedras. Cerca había otros cuantos dibujos, también sujetados por piedrecillas. Yaichiro ignoró el viento que intentaba provocar a que su largo y blanco pelo saliese de su moño, y en vez de eso estudió el paisaje que tenía ante él, absorbiendo cada quiebro y elevación que conformaba su superficie, cada matorral y roca que le daba textura. Cuando pensó que no podía aprender más observándolo cogió su pincel, lo frotó contra la piedra de tinta que tenía preparada, y empezó a pintar. Trabajó con rapidez pero sin prisa, y muy pronto el paisaje apareció en el papel que tenía ante él. Casi había terminado cuando una voz surgió de entre los matorrales que tenía detrás.
“Muy bonito, pintorcillo. ¿Pero qué harías si surgiese de los matorrales y te atacase?”
Yaichiro se detuvo solo un momento. “Te apuñalaría en el ojo con mi pincel,” dijo tranquilamente. “Y luego te maldeciría por arruinar mi dibujo. Saludos, Gempachi.”
Daidoji Gempachi se rió y anduvo hasta la cresta de la colina, mirando hacia la lejanía. Era de una estatura normal, pero muy musculoso, y tenía el pelo negro y muy corto. “Siempre tiene una rápida respuesta.”
“Y eso es bueno. Imagínate en cantos problemas nos hubiésemos metido esa noche en el Festival de las Flores de los Cerezos si no fuera así.”
“No necesariamente,” dijo Gempachi. “La geisha del Faisán Dorado hubiese podido decir algo bueno de nosotros. Nos dejamos bastante dinero allí.”
“No creo que sea inteligente contra con algo así. ¿Y si el otro hombre se había gastado más?”
“¿Esa noche? No creo que hubiese sido posible.” Gempachi abrió las manos, poniendo fin al tema. “Pero he venido a darte las gracias, no a discutir contigo.”
“¿Darme las gracias?” Dijo Yaichiro. Miró a su amigo con expresión de leve curiosidad en su cara. “¿Qué es lo que me tienes que agradecer?”
“Bien hecho,” dijo Gempachi. “Uno nunca sabría al mirarte que cuando llegué esta mañana al campamento se me informó que me ascendían al rango de gunso y que me ponían bajo el mando del Chui Daidoji Yaichiro.”
“O, eso,” dijo Yaichiro, sonriendo levemente. “Solo recomendé a un hombre de fiar que ha regresado recientemente de entrenar con los Cangrejo para un puesto para el que estaba bien cualificado. No me merezco que me des las gracias por cumplir con mi deber.”
Gempachi se rió. “Tu obligación parece ser conseguir un largamente buscado ascenso para un viejo amigo.”
“Una coincidencia, aunque bienvenida. Pero hablé con el propio Doji Masaru-sama, y el estuvo totalmente de acuerdo con mi recomendación.”
Hubo un momento de silencio. “Doji Masaru,” dijo Gempachi, dando a la primera palabra un leve énfasis. “¿Ha estado alguna vez en Kosaten Shiro?”
Yaichiro detuvo su trazo, algo confundido por la pregunta. “¿Y quién no lo hizo? Ha hecho,” se corrigió a si mismo. “¿Por qué lo preguntas?”
Gempachi se sentó junto a su amigo y bajó la voz. “Cuando volvía de las tierras Cangrejo, mi camino me llevó cerca de Kosaten Shiro. Ahí entró en contacto conmigo un magistrado de nuestra familia que investigaba el asunto del seppuku de Doji Ran. Tenía unas preguntas sobre las Tierras Sombrías que esperaba yo pudiese contestar.”
“A Ran la culparon de negligencia en sus obligaciones durante el ataque,” objetó Yaichiro, su voz igual de baja. Siguió pintando. “¿Qué tienen que ver las Tierras Sombrías con eso?”
“La cosa que se hace llamar Daigotsu Rekai era prisionera en Kosaten Shiro,” dijo Gempachi, su voz un susurro. “El verdadero crimen de Ran fue permitir que escapase.”
Una fea raya negra se pintó en el papel mientras Yaichiro miraba asombrado a su amigo. “¡Eso no es posible!”
“Yo tampoco quise creerlo, pero sabía que el magistrado no solo era honorable sino que además se podía confiar en él. Había escuchado ese relato de uno de los soldados de Ran, que había confiado en él antes de cometer seppuku. Y como magistrado quería saber como la gran vergüenza de nuestra familia llegó a ser encarcelada en uno de nuestros castillos, sin que lo supiese el Señor Kikaze.”
Yaichiro miró hacia otro lado, incapaz de mantener su cara bajo control. Volvió a abrumarle todo el dolor y la pena que había sentido la primera vez que escuchó que Daidoji Rekai había caído, junto al grasiento y amargo sabor de la traición. “Los Doji lo hicieron,” dijo. “Los Doji han hecho esto.”
“Una Doji hizo esto—Doji Ran,” le corrigió Gempachi. “Pero Ran no tenía un puesto tan elevado como para hacer esto ella solo, y no sabemos quien estaba tras ella. Fuese quien fuese, eligió Kosaten Shiro—y a los Doji no les faltan castillos.”
“No fue un Daidoji,” dijo Yaichiro.
Gempachi se encogió de hombros. “Si lo fue, que los Cielos se apiaden de él. Kikaze no lo hará.”
El silencio cayó entre ambos. Yaichiro miró a la ruina en que se había convertido su dibujo, lo puso a un lado y empezó a recoger sus cosas.
“No sé porque te preocupas por eso,” dijo Gempachi, encantado de empezar un nuevo tema. “No conozco a ningún otro Daidoji que disfrute con eso. Deberías haber nacido Kakita.”
“Me gusta pintar, y estos dibujos pueden serle útiles al general,” dijo Yaichiro. “Y me ayuda a ver con claridad. No hay razón alguna por la que los mapas tácticos no puedan ser también agradables a la vista.”
“Pero tus dibujos no servirán para nada cuando perdamos nuestro vagón de equipajes. Recuerdas lo que pasó en Momozono Mura, ¿verdad?”
“¿No servirán para nada?” Repitió Yaichiro. “Ya lo veremos cuando empiece la batalla. ¿Pero le dirías eso a un cerezo en flor?”
Gempachi arqueó una ceja y sonrió.
“Suspiramos por flores de
cerezos pero las dejamos
las mujeres son mejor, “ dijo.
•
El suelo era pedregoso y estaba sembrado con barrancos y pequeños accidentes. Yaichiro lo había pintado en un día soleado y lo recordaba cubierto de una pequeña capa de césped y respingonas y delicadas flores salvajes. Ahora tanto el césped como las flores habían desaparecido, aplastadas por hombres luchando y muriendo. El sol también se había ido, cubierto por nubes grisáceas que amenazaban lluvia. Contempló la batalla, notando admirado que la general Dragón estaba usando su conocimiento superior de las llanuras del Corazón del Dragón para su ventaja. El ejército Grulla, aun así, parecía estar manteniendo su posición simplemente rechazando retroceder de allí. Yaichiro cambió su agarre sobre su yari y rezó para que pudiera encontrar la muerte con la misma resolución que los hombres frente a él estaban mostrando.
Gempachi permanecía junto a su amigo, mirando la batalla con diferentes ojos. No había nada que temer allí excepto el acero empuñado por los hombres, y el Muro le había enseñado que no había nada que temer en absoluto. Tanto como se lo permitía el caos reinante seguía las evoluciones de guerreros individuales, intentando conseguir comprender como luchaba un Mirumoto, y como era más fácil matarle.
“La señal,” dijo Yaichiro. Indicó a un oficial montado gritando órdenes a las unidades a su alrededor. “Nos movemos ahora.” Inhaló aire profundamente. “¡Honor para nuestro clan!” gritó.
“¡Muerte a nuestros enemigos!” rugieron a la espalda de Gempachi el resto de sus hombres.
•
La tierra estaba sembrada con pedruscos de todos los tamaños. Yaichiro serpenteaba entre ellos, demasiado exhausto para preocuparse por la lluvia que caía. No tenía idea de cuanto llevaba luchando; las horas habían fluido continuadas en una mezcla de miedo, fango y rabia. Su yari había desaparecido, y no podía recordar cómo lo había perdido. Esperaba que lo hubiera dejado en un Mirumoto, y no yaciendo en el suelo en cualquier parte. Su botella de agua también había desaparecido, y su garganta sufría por la sequedad. Echó atrás su cabeza, abrió su boca y bebió de la lluvia.
Después de unos minutos se sentó ligeramente. La lluvia no había hecho nada más que humedecer su boca, pero eso tendría que ser suficiente por ahora. Aproximadamente un cuarto de sus hombres seguía con él, el resto abandonados a la muerte o el caos. El Dragón finalmente había tenido éxito en empujar la línea Grulla, y con el desorden resultante había perdido el sentido de donde estaba. Mientras estudiaba los alrededores Yaichiro cayó en la cuenta con sorpresa de que era el área que había estado pintando mientras hablaba con Gempachi. Sonrió levemente para sí mismo y estaba a punto de llamar a su amigo cuando un movimiento fue captado por su ojo. Se quedó congelado y miró más cuidadosamente. En la parte más alejada del campo un grupo de samurai Mirumoto se movían cautelosamente hacia un barranco. Yaichiro trazó el camino del barranco en su memoria y se dio cuenta que llevaría a los Mirumoto alrededor de la batalla y de vuelta tras la líneas Grulla, cerca de su puesto de mando. Su mente se quedó helada ante tal cosa y sabía que debía hacerse.
“¡Gunso! ¡Con cuidado!” llamó en voz baja.
Gempachi gateó una roca y se detuvo a un brazo de distancia. En algún momento había perdido su kabuto y había sido herido en la cabeza. Estaba vendada y había dejado de sangrar, pero el dolor era implacable. “¿Chui?” dijo débilmente.
“Hay un grupo de samurai Dragón intentando atacar nuestro puesto de mando.”
“¿Y eso? ¿Qué vamos a hacer con ellos?”
La mente de Yaichiro estaba perfectamente serena y en calma. “Vamos a morir.”
“Oh,” dijo Gempachi. “Bien, si eso es todo... reuniré a los hombres.” Retrocedió.
Yaichiro volvió su atención a la tierra, y mientras su unidad se reagrupaba buscó el punto en que quería atacar a los Mirumoto. Cuando el último samurai Dragón desapareció en el barranco los Grulla se levantaron y corrieron.
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La cima de la colina había sido despejada de cadáveres, y las lluvias habían limpiado toda la sangre. Yaichiro estaba sentado de nuevo en su cima, mirando al norte. El calor del sol suavizaba el dolor de la herida de espada en su brazo izquierdo, pero no hacía nada por el dolor de su corazón.
“¿Vas a dejar de fruncir el ceño en algún momento?” preguntó Gempachi. Estaba recostado sobre un pedrusco cercano, con los ojos entornados por el sol. El corte en su cabeza se había cosido limpiamente y estaba sanando en una prominente cicatriz.
“¿Vas tú a dejar de mirarme sonriente como un idiota?” dijo Yaichiro.
Gempachi se sentó, atento a la amargura en la voz de su amigo. “¿Por qué no debería sonreír? Estoy vivo. Mi mejor amigo está vivo. Mi oficial al mando ha sido reconocido por su heroísmo en la batalla, y parte de esa gloria recae sobre mí. ¿Cual es el problema?”
“Perdimos la batalla,” dijo Yaichiro. “El Dragón se ha retirado, no de nosotros, sino de ellos.” Movió su cabeza hacia el campamento al oeste, donde los estandartes con el mon del León se agitaban con el viento. “Deberíamos haber muerto en aquel barranco – ellos habían enviado una segunda oleada de hombres que podrían habernos barrido y continuar hacia el puesto de mando. Pero vieron venir la primera de las unidades León, y se retiraron en lugar de eso.”
“¿Y?” dijo Gempachi, encogiéndose de hombros. “Cuando un granjero es atacado por ratones, coge un gato y se olvida de ello.”
“¿Y qué es eso? ¿Qué el Dragón tema la fuerza del León y no la nuestra no te importa?”
“Dicen que los samurai Mirumoto pasan parte de cada día meditando. Este invierno mientras los niños del León estén comiendo arroz de la Grulla y los niños del Dragón estén comiendo piedras, podrán meditar sobre la fuerza.”
Yaichiro parpadeó, su rostro se volvió pensativo. “Nunca pensé en el arroz como fuerza. Parece... impropio, de alguna forma.”
“Vete a vivir al Muro una temporada,” dijo Gempachi. “Los comandantes Cangrejo no pierden el sueño preocupados por la fuerza de sus samurai, sino por la fuerza de su cadena de abastecimientos. El Dragón debería haber dedicado más pensamiento a la suya antes de empezar una guerra con nosotros.”
“Has cambiado,” dijo Yaichiro. Estaba sonriendo ahora. “Has vuelto del Cangrejo iluminado.”
“Iluminado,” dijo Gempachi con una risa. “Ese es mi premio tras una noche en el mundo del sauce.”
“Ahora que el Dragón se ha ido, Nanashi Mura está abierta para nosotros,” dijo Yaichiro pensativo. “He oído que hay una casa de geishas que el mismo Shogun solía visitar.”
“¿De veras?”
Yaichiro afirmó y se puso en pie. “Y si era suficientemente buena para él, probablemente lo sea para nosotros. Vayamos a ver si nuestra nueva gloria nos consigue papeles de viaje para la ciudad.”
por Nancy Sauer
Editado por Fred Wan
Traducción de Mori Saiseki y Bayushi Elth